Velvet
Quisimos ser reyes del universo, y salimos sin atarnos los cordones, con la risa torcida y los nudillos blanquecinos.
Hay quien dice que la ira se antepone al amor, pero eso es porque no conocían a Velvet y sus múltiples encantos.
Conocerla era perderse a uno mismo, y la adicción que suponía su infierno personal era una delicia. Quizás por ello amarla era un tortuoso camino pues no había caricia que ella aceptase más que un pequeño empellón. Era una sádica atormentada con un pasado aburrido, y decidió reinventarse.
Sentía que no era merecedora de nada pero su carácter altivo y locuaz te hacía dudar. No era hermosa, ni especialmente atractiva, pero si pasabas más de cinco minutos con ella estabas perdido y sumiso ante su encanto peculiar.
Una turbia mente que encontraba fascinación por el dolor, encauzando su vida a un constante acto de contrición.
No era devota, ni se atrevía si quiera a creer en ella misma, pero rezaba cada noche esperando algo, releyendo polvorientos libros a la espera mientras colocaba cigarrillos liados sobre una vieja y larga boquilla . Era una diva atemporal que sabía un poco de todo, pero nunca profundizaba en nada. Tenía una opinión formada en cualquier tema y temía la estupidez como el achaque final a una sociedad agónica donde sus nuevos hijos mamaban de sus pústulas cegados por una verdad que no querían alcanzar.
Así era Velvet, y cuando lo comprendías, no podías evitar enamorarte de ella.
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