Estoy inundada. Su llegada supuso una crecida en mis emociones, y pasé de mojarme los pies y huir a enfrentarme a la ola que me tragaba mar adentro.
Hay días, hoy es uno de esos días, en los que me quedo quieta, muy quietecita, y miro a mi alrededor. Todo está cambiado, patas arriba. El mundo tranquilo y bajo control que creía haber construido se ha convertido en una riada constante, donde veo recuerdos pasar y alejarse,donde mil versiones de mi que he visto ir, venir y no volver terminan por ahogarse. Porque con él no hay máscaras ni escondrijos, solo hay una forma de ser y es un"yo" que no he terminado de descubrir.
En la anegación de mis sentimientos, he llorado lo reprimido a través de una vida de maltrato, abandono y miedo. Entre sus manos, se mece la niña que se escondía en el hueco junto a la lavadora. Contra su pecho, llora la adolescente que tomaba calmantes para no sentir ni soñar. En sus ojos existe la perspectiva de la mujer en la que puedo convertirme, y en mí... en mí queda la inseguridad de no poder alcanzar dicha expectativa.
Y mientras me declaro una superviviente de mi misma, él sigue buscando como salvarme mientras le arrastro conmigo a un aluvión que terminará por ahogarnos o llevarnos a la deriva, a un lugar lejano, donde al menos podré seguir aferrada a su mano, luchando por alcanzar la superficie y poder respirar.