• Home
  • About
  • Contact
    • Category
    • Category
    • Category
  • Shop
  • Advertise

PΛLΛBRΛS MELLΛDΛS

ℝ𝕖𝕧𝕖𝕣𝕓𝕖𝕣𝕒𝕔𝕚𝕠𝕟𝕖𝕤 𝕪 𝕖𝕤𝕥𝕖𝕣𝕥𝕠𝕣𝕖𝕤 𝕕𝕖𝕝 𝕒𝕝𝕞𝕒

Si pudiese ser otra persona, buscaría entre zapatos imposibles y caminaría con andares diferentes. Quizás con ello, llegaría a lugares donde encontrar nuevas risas, la calidez del aliento cuando un beso se aproxima a la mejilla, o un guiño inesperado y confidente que pronostica lo que será un día una vieja amistad.

Si pudiese ser otra persona, llevaría mitones colorados. Con los dedos al aire para que, a pesar de sentir el frío, no perder detalle alguno del roce de su mano, de la rugosidad de las paredes del pasillo que llevan hasta su apartamento, o de la calidez de su piel al llegar, mientras él se afana por quitarme la bufanda y sonreírme hasta que recuerde volver a respirar.

Si pudiese ser otra persona, pensaría menos y actuaría más. Sería un vagabundo, sin más atadura que un pequeño hatillo y mis mismas ganas de caminar. Recorrería todos los caminos y carreteras abandonadas, me buscaría para no llegar a encontrarme, pues haría mucho que habría dejado de ser quien creí alguna vez ser. Y entonces, solo entonces, me sentaría por fin, para con una taza de té descubrir quien soy y no quien quiero ser.

Si pudiese ser otra persona seguiría siendo yo, eligiendo los mismos desaciertos, aventurándome en los mismos desempeños, enamorándome entre las mismas líneas de libros, y soñando despierta. 
Sería yo, agradecida de haber cometido cada error y acierto, porque ello me hizo resiliente  y paciente, capaz de querer lo menos bonito en mi, pues lo bueno siempre recibe más apoyo que lo que nos avergüenza o apena. 
Indudablemente sería yo, con orgullo y decisión, aunque fuese momentánea y tuviese que volver a releer cada línea que he escrito y escribiré. Porque no sabría ser nadie más, porque no querría ser nadie más.
Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Es bien sabido que, todo niño al nacer, trae consigo algo bajo el brazo. Grandes observadores y filántropos han dedicado su vida a tratar de discernir e investigar en contra de la grave corriente que inducía a pensar que los infantes venían al mundo con un chusco por compañero cuando en sí el ente, de naturaleza acompañante, es más variado. 

Hay niños que dimanan con flautines o violines. Sus padres, orgullosos comprenden el proceder que deben tomar, y otros reniegan de lo natural y obvio y procuran disciplinar, como si se tratasen de una planta lánguida necesitada de un tutor o guía y un balón pudiese enderezar los sueños frustrados de su progenitor. 
Otros, por el contrario, nacen con objetos de idiosincrasia más señera.  Nace así la historia de Aba y su llave. 

Aba había recorrido mucho en poco tramo. O es tal y como se sentía. Había logrado viajar menos de lo que se había propuesto. Pasó su niñez ensoñando cómo un día dejaría todo atrás y no volvería más que para recordarse que en aquel lugar no había sido feliz. Pero allí seguía. Chocando con las mismas piedras, contemplando el mismo horizonte que burlonamente envejecía a la par que ella, como si compartiesen momentos más allá de la futilidad de lo etéreo. 

Aquel devenir le resultaba vacuo, agravando la sensación que yacía en su pecho. En esos momentos, Aba se abrazaba a su llave. Apretaba sus manos, tornando sus nudillos blancos y sintiendo el metal dentado clavarse en la palma de su mano. Las líneas de esta habían ido creciendo y formándose en base a las estrías del propio llavín. Las sienes palpitaban, conteniendo tras de sí la necesidad de llorar que no terminaba por aflorar, como si debiese perseguir el propio sentimiento para poder desatar la emoción, Y entonces, llegaba, a través de la primera lágrima. El primer sollozo conformaba una cerradura perfecta, la aldaba que casaba con su llave y conducía al interior de Aba.

Hay sensaciones características que afloran en emociones dolorosas. El temblor en el pulso cuando deseas tomar la mano de la persona junto a ti. La sapidez de los pulmones al vaciarse exhalando aquel que parece el último aliento. Las punzadas en los ojos al retener el llanto. O la última mirada, tratando de ver en la otra persona ese alguien que ahora se antoja como un extraño.

Aba coleccionaba todo ello, las emociones vividas de relaciones que no habían marcado en su vida más que un capítulo en una catalogación emocional que ofrecía una disyuntiva frente a la divergencia entre expectativa y realidad. Aba sabía lo que podía soñar, pero no lo que podía llegar a sentir. Por tanto, generaba un inventario de aflicciones y pesares, de evocaciones y suspiros.
Y cuando estaba sola, cuando sentía el mundo temblar, se colaba por el agujero de la cerradura para codiciar lo negado.


Por tanto, a nadie podía no extrañar el curioso día en que Aba colisionó con la imposibilidad de Vanya. O quizás de cómo se adentró más allá de lo tangible para pasar de ser un efímero e innombrable deseo a un enigma tangible y ambiciado. 
Quizás no fue astuta ni precavida, y dejo mal cerrado el umbral de lo subjetivo, pero cuando sintió la necesidad de retornar a lo que sentía propio, la anarquía había anidado en su interior.

¡Nada estaba como debía, ni sabía cómo debía estar! Era confuso no comprender ni recordar, ni sentir como propio aquel lugar. Las remembranzas se encontraban encharcadas, diseminadas, emborronadas por el suelo mientras la música estridente colisionaba con las paredes de su pecho de forma arrítmica y cambiante. Era doloroso y a la vez sustento de un nuevo placer. Una jungla se formaba, erigiéndose bajo sus pies mientras se sentía encoger, Alicia en un país nuevo e incierto, sin chapines con los que golpear deseando protección alguna. 

Dio un paso incierto, retrocediendo mientras se sentía disconforme con su propia elección. Mas cuando quiso retroceder otro, no pudo. Aba sintió como una mano se aferraba a la suya, con fuerza, con tesón. La mano condujo a esta hacia el borde de un abismo, un precipicio erigido por su propia obstinación, la entrada emborronada y difusa, el emplazamiento invisible al cual nadie había podido llegar. Y se asentó. Ruidoso, dominante y obstinado. Orgulloso, testarudo y tirano. Reclamó e hizo suyo sin miramiento alguno. 
Vanya había nacido con algo para lo que Aba no estaba preparada: el caos que rompió cada esquema, gozne y cimiento de su interior, cada recuerdo inútil preservado, cada recapitulación de lo que no pudo ser.  Aba no volvería a ser ella misma, ni Vanya el que fue. 





Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Newer Posts
Older Posts

About me

Dιᥱ Höᥣᥣᥱ ιst ᥣᥱᥱr,ᥲᥣᥣᥱ Tᥱᥙfᥱᥣ sιᥒd hιᥱr!

Follow Us

  • Spotify
  • IG

Categories

recent posts

Blog Archive

  • junio 2025 (1)
  • mayo 2025 (1)
  • abril 2025 (1)
  • marzo 2025 (1)
  • febrero 2025 (2)
  • enero 2025 (3)
  • diciembre 2024 (1)
  • septiembre 2020 (1)
  • junio 2020 (1)
  • mayo 2020 (7)
  • abril 2020 (1)
  • marzo 2020 (1)
  • enero 2020 (4)
  • diciembre 2019 (1)
  • noviembre 2019 (1)
  • julio 2019 (1)
  • junio 2019 (1)
  • mayo 2019 (1)
  • febrero 2019 (1)
  • enero 2019 (2)
  • diciembre 2018 (5)
  • noviembre 2018 (3)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (1)
  • junio 2018 (1)
  • mayo 2018 (2)
  • abril 2018 (3)
  • marzo 2018 (2)
  • febrero 2018 (6)
  • enero 2018 (7)
  • diciembre 2017 (1)
  • noviembre 2017 (1)
  • septiembre 2017 (1)
  • agosto 2017 (1)
  • julio 2017 (3)
  • junio 2017 (4)
  • mayo 2017 (2)
  • abril 2017 (1)
  • marzo 2017 (1)
  • febrero 2017 (1)
  • diciembre 2016 (4)
  • noviembre 2016 (2)
  • agosto 2016 (1)
  • julio 2016 (1)
  • junio 2016 (1)
  • mayo 2016 (1)
  • mayo 2014 (1)
  • marzo 2014 (1)
  • febrero 2014 (3)
  • enero 2014 (3)
  • diciembre 2013 (17)
  • noviembre 2013 (4)
  • octubre 2013 (5)
  • septiembre 2013 (1)
  • agosto 2013 (1)
  • abril 2013 (1)
  • marzo 2013 (2)
  • febrero 2013 (5)
  • enero 2013 (13)

Created with by ThemeXpose