Si pudiese ser otra persona
Si pudiese ser otra persona, buscaría entre zapatos imposibles y caminaría con andares diferentes. Quizás con ello, llegaría a lugares donde encontrar nuevas risas, la calidez del aliento cuando un beso se aproxima a la mejilla, o un guiño inesperado y confidente que pronostica lo que será un día una vieja amistad.
Si pudiese ser otra persona, llevaría mitones colorados. Con los dedos al aire para que, a pesar de sentir el frío, no perder detalle alguno del roce de su mano, de la rugosidad de las paredes del pasillo que llevan hasta su apartamento, o de la calidez de su piel al llegar, mientras él se afana por quitarme la bufanda y sonreírme hasta que recuerde volver a respirar.
Si pudiese ser otra persona, pensaría menos y actuaría más. Sería un vagabundo, sin más atadura que un pequeño hatillo y mis mismas ganas de caminar. Recorrería todos los caminos y carreteras abandonadas, me buscaría para no llegar a encontrarme, pues haría mucho que habría dejado de ser quien creí alguna vez ser. Y entonces, solo entonces, me sentaría por fin, para con una taza de té descubrir quien soy y no quien quiero ser.
Si pudiese ser otra persona seguiría siendo yo, eligiendo los mismos desaciertos, aventurándome en los mismos desempeños, enamorándome entre las mismas líneas de libros, y soñando despierta.
Sería yo, agradecida de haber cometido cada error y acierto, porque ello me hizo resiliente y paciente, capaz de querer lo menos bonito en mi, pues lo bueno siempre recibe más apoyo que lo que nos avergüenza o apena.
Indudablemente sería yo, con orgullo y decisión, aunque fuese momentánea y tuviese que volver a releer cada línea que he escrito y escribiré. Porque no sabría ser nadie más, porque no querría ser nadie más.
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