• Home
  • About
  • Contact
    • Category
    • Category
    • Category
  • Shop
  • Advertise

PΛLΛBRΛS MELLΛDΛS

ℝ𝕖𝕧𝕖𝕣𝕓𝕖𝕣𝕒𝕔𝕚𝕠𝕟𝕖𝕤 𝕪 𝕖𝕤𝕥𝕖𝕣𝕥𝕠𝕣𝕖𝕤 𝕕𝕖𝕝 𝕒𝕝𝕞𝕒

 Siempre había tenido una mente peculiar. No sabía bien si se debía al devenir de situaciones atípicas que habían azotado su vida, como olas erosionando y dando forma a su paso. Y en su fuero interno, se detenía a acariciar
la rugosidad punzante de su mente, un entorno que incluso se había vuelto hostil para ella. En esos momentos lloraba queriendo abrazar a su niña interna y protegerla...sin saber que jamás había dejado de ser esa niña, solo se había calzado zapatos diferentes.

Su vida adulta se medía por una sucesión de amantes y no de logros personales. No es que no hubiera conquistado ciertos aspectos de su temprana madurez, sino que en su memoria no se tornaban tan relevantes. Mediocres trabajos, mediocres estudios, mediocres (y pasajeras) amistades. Y al final solo era capaz de recordar dónde había estado en función de la mano que había cogido. Manos esquivas, manos distantes, manos de nudillos tensos y blanquecinos, manos sueltas, manos de las que huir. 

Ya de niña, había sido problemática. Se recordaba a sí misma en ese piso pequeño y helado, llamando desconsolada a su madre. Y aquel ruego acuoso se había quedado remanente en su pecho, haciendo eco una y otra vez. Nunca había sido capaz de callarlo. 

No es de extrañar que la niña conflictiva se tornase en una adolescente difícil. Y con ello, que la terapia y la medicación se volvieran una constante, una pesada manta que cubriría su cuerpo, sus párpados, su mente. Y a ciegas bajo ese pesado manto, empezaba su vida adulta, con decisiones como qué profesión elegir o con quien querer acostarse. Cómo saber qué se quiere ser de mayor cuando uno mismo no se ve reflejado más que como un infante. Cómo entender lo que es acostarse con alguien cuando solo quieres robar unos minutos de cariño a expensas de la entrega y renuncia que supone. Así que cuando veía que el amor prometido no llegaba, solo ladeaba el rostro a la espera de no sentir aquello que certeramente sabía que no era amor, sino la acritud hecha besos, caricias que eran demandantes e instigadoras, manos de tacto desconocido que te disponían y colocaban a su placer, cual muñeca inerte cuya única función es sonreír. 

Y esa muñeca, remendada y envenenada, debía convertirse en un adulto funcional. Debía hacer muchas cosas, alcanzar grandes hitos, y con premura, pues debía recuperar todo el tiempo que había perdido desviándose de ser normal. Una normalidad que desconocía, pero que tampoco anhelaba. No sentía envidia de esas vidas, solamente anhelaba algo, ese eterno eco que vibraba y palpitaba en su interior clamando por el cariño no dado. 

Creyó encontrar ese amor en un nuevo desconocido. Sus manos se mantenían cercanas a las de ella, desenmarañaban telarañas, nudos de lo que antaño fue la manta que la cubría y ahora solo era una crisálida para la que no estaba preparada a salir. No habían alas, seguía siendo una niña a medio hacer incapaz de caminar por sí misma. Él la examinaba buscando sus heridas y besando cada golpe, amortiguando cada reincidencia. Ella se deshacía en sus manos, él quería que ella corriese, ella apenas se tendía en pie. No sabían encontrar un punto intermedio. Él se desesperaba, ella lloraba, él comenzaba a odiar su llanto. Él se alejaba y ella le seguía, hasta que él volaba y ella le veía alejarse. Él volvía, capaz de lidiar una nueva batalla contra aquellos demonios, y ella se ilusionaba y volvía a dejar que aquellas manos se aferrasen a ella. Manos que le desnudaban, manos que ahondaban en su cuerpo, manos que pasaban a ser sus propias manos y que en aquella inmensidad ambos se volvían infinitos. Pero entonces destapaban nuevas heridas, como un devenir constante de infortunios, y él la miraba, consciente de la causa perdida, del cuerpo corrupto, de la necedad de sus sentimientos. Y las manos se alejaban, las manos ya no le llamaban, el vacío se hacía mayor, el eco percutía su pecho clamando por él, solo  por él. 

Creyó encontrar el amor y cuando lo supo....supo también que no podría retenerlo, que lo había perdido incluso antes de encontrarlo, que el amor de su vida solo serían sesenta y cinco oníricos días. Quizás menos incluso. Quizás sencillamente todo había sido una dulce mentira que ambos se permitieron creer.

Share
Tweet
Pin
Share
1 comentarios


El crecer como mujer te lleva a recorrer un abanico de clichés. Surge así la primera elección de carácter basado en rechazar el constructo social que implica dicho acto y desdeñar la moda que se ha convertido en patrón....o pasar por el aro, aceptar la membresía de unirse al club menos exclusivo y tratar de encajar en una imagen, que independientemente de su belleza, es de un cáliz vulgar y normativo. Creo que dejo claro cuál es mi postura y elección al respecto. 

Y esta primera elección, a mi parecer, dejando atrás todas las llevadas a cabo por los progenitores y familiares metomentodo, radica en el primer diario. Qué niña no obtiene un diario en su vida en el que plasmar sus ensoñaciones y deseos. Hay diarios más elaborados y otros más funcionales, pero todos ellos tienen, al comenzar el día señalado, un comienzo, una línea repetitiva e introductoria a la que referirse a dicho cartapacio. 

La elección popular es iniciarse con un "Querido diario", no obstante, jamás fue de mi agrado. En primer lugar, a priori no surge ese sentimiento, esa familiaridad. Es un cuaderno vacío que no me es querido, tal y como una novela que ahonda en tu interior y te embarca en una aventura personal sí termina siendo objeto al que proferir amor y cerrar su contraportada para abrazarlo con un suspiro. Si un libro no hace eso por ti, a mi parecer no merece ser recomendado. Pero un diario...un diario al principio te hace ser objetiva, no te abres, no plasmas la realidad de tus emociones, lo intrínseco de las vivencias que te atormentan y conducen a escribir esas páginas buscando desahogo y, quizás en un futuro, consuelo y consejo. 

Ese pequeño cuaderno establece una relación con un yo interior al que precisas contarle lo sucedido, al que engañas por momentos y te encabritas, chillas en mayúsculas y tachonas en pura negación. A este desconocido le mientes, aseverando nuevas directrices, falsos sentimientos, malas decisiones. Poco a poco se torna un compañero de trabajo, alguien del que no sabes mucho, pero que las horas acumuladas haciéndoos compañía han terminado por generar un adulterado vínculo. Y es entonces, cuando te vas soltando. 

Cabe decir, que sigue sin parecerme propicio el ser afectuosa con unas páginas que solo reflejan las frustraciones, alegrías que posteriormente son truncadas y un devenir macilento. No, el diario es el cómputo total anual de regurgitaciones bañadas con y sin alcohol, cantidades ingentes de carbohidratos y malas decisiones.

Pero cierras el año y el diario pasa a acompañar en la estantería a sus predecesores. Es entonces cuando hojeas, meramente por cuestiones documentales, a sus nuevos vecinos y entonces la nostalgia aparece en escena. Las alegrías parecen recuerdos memorables y el sufrimiento una herida que ahora luce cicatrizada y de la que incluso puedes atreverte a reír. Lo que fue un sumatorio de fuerzas oscuras que definían un año como nefasto, ahora pasa a archivarse en tu memoria como "buenos tiempos". Y es entonces, cuando te encuentras abrazando el manoseado cuaderno con un redescubierto cariño. Finalmente entiendes (y promocionas) a aquel desconocido, que te conoce tanto como se lo has permitido, al estado de "querido".






Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios

Reproducir



 Había comenzado a coger la costumbre de dejar la persiana de la ventana levemente sin bajar. Una mera rendija, suficiente como para dejar pasar la luz anaranjada de las farolas cercanas a la terraza.

Hacía escasas semanas que ella dormía en su casa. Escasos días que él le había comprado un cepillo de dientes, que en sus ausencias y en sus permanencias, bailaba en un vaso con el de él. 

Él no cuestionaba las decisiones de ella, dejaba que todo tomase forma, que ella misma contara la historia que en su mente ya era una realidad. Se mostraba paciente, que no dócil, sabía entreleer las líneas de ella y escribir en sus márgenes. Ella era consciente de cómo su  mundo se expandía, de cómo quizás si bien no crecía tal y como podía sentirse, sus pies cada vez estaban más lejanos al suelo y el miedo a caer no hacía presencia.

Ella no dormía. Bueno, algo sí dormía, pero era tan efímero que empezaba a preguntarse si aquel mes pasado había sido el fruto de micro-ensoñaciones y deseos truncados desde la más tierna infancia. Había empezado a quedarse a dormir en casa de él, y allí, tendida en una cama que olía a ambos, no había paz. El insomnio traía consigo nerviosismo. El calor sucedía al frío e incluso convergían. Su cerebro se llenaba de posibles proyectos, cuadros por pintar, retales por coser, palabras que concatenar en la fútil búsqueda de plasmar el esperpento vigílico del cual era prisionera. 

Así pues, supo lo que tenía que hacer. Era sencillo, no delataría sus intenciones ni conduciría a una posible discusión. Sencillamente dejaba un palmo subida la persiana, y tras ello, ambos se metían en el algodonoso nido y fundían sus cuerpos en abrazos y besos, susurrando promesas que serían plenamente cumplidas. De eso jamás habría duda. Y cuando él se rindiera a los brazos de Morfeo, para abandonar los de ella, ella simplemente esperaría al sueño mirándole dormir. Y qué espectáculo era aquel. Su rostro se mostraba relajado, más joven, feliz quizás del invitado nocturno que yacía a su lado. Irradiaba calidez y ella sentía su cuerpo ceder, como siempre que chocaban sus sentidos con los de él, y ambos se entregaban al torrente de emociones y suspiros que conjuraban.

Ella le miraba y el malestar parecía algo más lejano. No nos equivoquemos, no había milagro, el sueño tardaba en llegar...pero mientras llegaba ella se sentía segura, se sentía querida y quería con intensidad, reflexionaba y se sentía agradecida. En aquellas horas a solas y a la vez con él, siempre sentía que confirmaba cada paso, cada palabra, cada elección. Todo el camino  recorrido era validado, toda herida y pensamiento infectado. Todo lo que ella había sido era necesario para en ese instante ambos ser. Y cuando lo comprendía, se permitía volver a aquella cama, a aquel momento. Se ovillaba a su lado y entrecerraba los ojos, y lo poco que pudiera dormir, lo dormía, dormían y soñaban juntos.



Share
Tweet
Pin
Share
No comentarios
Newer Posts
Older Posts

About me

Dιᥱ Höᥣᥣᥱ ιst ᥣᥱᥱr,ᥲᥣᥣᥱ Tᥱᥙfᥱᥣ sιᥒd hιᥱr!

Follow Us

  • Spotify
  • IG

Categories

recent posts

Blog Archive

  • junio 2025 (1)
  • mayo 2025 (1)
  • abril 2025 (1)
  • marzo 2025 (1)
  • febrero 2025 (2)
  • enero 2025 (3)
  • diciembre 2024 (1)
  • septiembre 2020 (1)
  • junio 2020 (1)
  • mayo 2020 (7)
  • abril 2020 (1)
  • marzo 2020 (1)
  • enero 2020 (4)
  • diciembre 2019 (1)
  • noviembre 2019 (1)
  • julio 2019 (1)
  • junio 2019 (1)
  • mayo 2019 (1)
  • febrero 2019 (1)
  • enero 2019 (2)
  • diciembre 2018 (5)
  • noviembre 2018 (3)
  • agosto 2018 (3)
  • julio 2018 (1)
  • junio 2018 (1)
  • mayo 2018 (2)
  • abril 2018 (3)
  • marzo 2018 (2)
  • febrero 2018 (6)
  • enero 2018 (7)
  • diciembre 2017 (1)
  • noviembre 2017 (1)
  • septiembre 2017 (1)
  • agosto 2017 (1)
  • julio 2017 (3)
  • junio 2017 (4)
  • mayo 2017 (2)
  • abril 2017 (1)
  • marzo 2017 (1)
  • febrero 2017 (1)
  • diciembre 2016 (4)
  • noviembre 2016 (2)
  • agosto 2016 (1)
  • julio 2016 (1)
  • junio 2016 (1)
  • mayo 2016 (1)
  • mayo 2014 (1)
  • marzo 2014 (1)
  • febrero 2014 (3)
  • enero 2014 (3)
  • diciembre 2013 (17)
  • noviembre 2013 (4)
  • octubre 2013 (5)
  • septiembre 2013 (1)
  • agosto 2013 (1)
  • abril 2013 (1)
  • marzo 2013 (2)
  • febrero 2013 (5)
  • enero 2013 (13)

Created with by ThemeXpose