Querido o no tan estimado diario
Y esta primera elección, a mi parecer, dejando atrás todas las llevadas a cabo por los progenitores y familiares metomentodo, radica en el primer diario. Qué niña no obtiene un diario en su vida en el que plasmar sus ensoñaciones y deseos. Hay diarios más elaborados y otros más funcionales, pero todos ellos tienen, al comenzar el día señalado, un comienzo, una línea repetitiva e introductoria a la que referirse a dicho cartapacio.
La elección popular es iniciarse con un "Querido diario", no obstante, jamás fue de mi agrado. En primer lugar, a priori no surge ese sentimiento, esa familiaridad. Es un cuaderno vacío que no me es querido, tal y como una novela que ahonda en tu interior y te embarca en una aventura personal sí termina siendo objeto al que proferir amor y cerrar su contraportada para abrazarlo con un suspiro. Si un libro no hace eso por ti, a mi parecer no merece ser recomendado. Pero un diario...un diario al principio te hace ser objetiva, no te abres, no plasmas la realidad de tus emociones, lo intrínseco de las vivencias que te atormentan y conducen a escribir esas páginas buscando desahogo y, quizás en un futuro, consuelo y consejo.
Ese pequeño cuaderno establece una relación con un yo interior al que precisas contarle lo sucedido, al que engañas por momentos y te encabritas, chillas en mayúsculas y tachonas en pura negación. A este desconocido le mientes, aseverando nuevas directrices, falsos sentimientos, malas decisiones. Poco a poco se torna un compañero de trabajo, alguien del que no sabes mucho, pero que las horas acumuladas haciéndoos compañía han terminado por generar un adulterado vínculo. Y es entonces, cuando te vas soltando.
Cabe decir, que sigue sin parecerme propicio el ser afectuosa con unas páginas que solo reflejan las frustraciones, alegrías que posteriormente son truncadas y un devenir macilento. No, el diario es el cómputo total anual de regurgitaciones bañadas con y sin alcohol, cantidades ingentes de carbohidratos y malas decisiones.
Pero cierras el año y el diario pasa a acompañar en la estantería a sus predecesores. Es entonces cuando hojeas, meramente por cuestiones documentales, a sus nuevos vecinos y entonces la nostalgia aparece en escena. Las alegrías parecen recuerdos memorables y el sufrimiento una herida que ahora luce cicatrizada y de la que incluso puedes atreverte a reír. Lo que fue un sumatorio de fuerzas oscuras que definían un año como nefasto, ahora pasa a archivarse en tu memoria como "buenos tiempos". Y es entonces, cuando te encuentras abrazando el manoseado cuaderno con un redescubierto cariño. Finalmente entiendes (y promocionas) a aquel desconocido, que te conoce tanto como se lo has permitido, al estado de "querido".

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