Era el artificio de una posibilidad, la inmutable concesión de factores que se mecían bajo la suave brisa al alba, era el añil sobre el horizonte rojizo, la promesa de un nuevo día, el despertar inevitable pernoctando entre sueños, aullando efímero.
Vino sin ser llamado, o quizás las palabras se tornaron perezosas y atorrantes, vagabundas de vidas ajenas calentando sus proezas entre sombras y papeleras ardiendo. Mas sencillamente llegó, colándose entre la necesidad de ser fáctico e inverosímil.
Y ella no lo vio llegar. No pudo contener el aliento para preservar el recuerdo previo a su llegada, sencillamente se salto un latido y envarada frente a él empezó otro capítulo más.
Vino sin ser llamado, o quizás las palabras se tornaron perezosas y atorrantes, vagabundas de vidas ajenas calentando sus proezas entre sombras y papeleras ardiendo. Mas sencillamente llegó, colándose entre la necesidad de ser fáctico e inverosímil.
Y ella no lo vio llegar. No pudo contener el aliento para preservar el recuerdo previo a su llegada, sencillamente se salto un latido y envarada frente a él empezó otro capítulo más.