Tan cerca y tan lejos

by - 22:24

El truco reside en no dejar de nadar, en no hundirse. Si te hundes no hay vuelta atrás. 

El agua está tan fría que aguijonea mis pulmones. Aunque logro inhalar, mi respiración es insuficiente. Noto el frío entumecer mis brazos y mis piernas, pero sigo moviéndome lentamente mientras veo la orilla. 

Murmuro algo, algo que se vuelve una tonadilla, una vieja canción,mientras mis dientes castañdan. 
Podría salir del agua en cualquier momento. Pero para ello debería nadar, nadar hasta la orilla. Y cada vez me alejo más y más. 

Playas en invierno, en las que moldear la fría arena y caminar contra el viento, mientras todo emigra lejano. Todo salvo esa necesidad que te empuja a perpetrar el mar y sollozar ante el abandono de toda ilusión que perece ahogada. 

¿En qué momento todas las piedras del camino decidí cargarlas sobre mi espalda? Penitente cual Sísifo, ahora me adentro en las entrañas acuosas de mis miedos, donde solo reside el frío y la oscuridad. Allí mi cuerpo se mece entre el oleaje, bailando por siempre solo, demasiado cerca de la orilla y a la vez tan lejos. 

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