999 errores.
Thomas Edison afirmaba que había encontrado 999 formas de cómo no hacer una bombilla, el acierto era - en cierta manera- secundario.
Cuando de niños planeamos nuestro futuro, no contemplamos los errores. Vemos un camino lineal plagado de etapas consecutivas, una progresión de pasos que nos llevarán al "felices para siempre".
Pero, en cierto momento, nos despertamos, y descubrimos que hemos cogido atajos, rodeos, nos hemos caído y recaído con la misma piedra- vicio o persona- y que somos adultos. El plan ha fallado y no tenemos plan B.
He ahí esa gran palabra que se nos antoja como una palabrota entre los labios: adulto. Ser adulto de niños suena a libertad, a acostarse tarde, a saltarnos las normas, a comer lo que queramos cuando queramos, a que nadie nos pise, a ser lo que siempre soñamos. Ser adulto está en cierta manera sobrevalorado. Y, soplas las velas y llega, llega la hipoteca, el ser políticamente correcto, el desear que sea fin de semana para dormir y quizás en algún instante vivir. Te das cuenta que los príncipes azules no son lo que buscas, que la magia tiene trampa y cartón y que las princesas no quieren ser salvadas. Sí, ser adulto no funciona como creíamos.
Y, entonces, te planteas nuevas expectativas, porque no quieres aprender del error sino generar una piedra con la que un día no caigas sino que te alce y corones su cumbre. Le pones nombre y en él tu ilusión. Pero es difícil reconocer algo que no conoces, algo que en cierta manera tú inventaste. Y empiezan los descartes, el miedo al error. Ese miedo que nos acerca al acierto pero a su vez difumina la quimera. Y caes, y tropiezas, y remiendas las rodillas con consejos de amigos y algún verso robado.
Pero a veces el acierto llega antes de los 999 errores. Y te coge la mano y te ayuda a escalar hasta su cumbre. Te recuerda que eres niño y adulto, las ventajas de soñar y de poder hallar los medios para alcanzar dicho sueño. Que el desaliento por el desatino solo es el revés del orgullo por el acierto y que todo ello es posible si pones todos los medios.
He encontrado el final de mis 999 errores, y tengo toda una vida para celebrarlo.
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