Colisión
Siento las sábanas frías y arrugadas bajo mi cuerpo nervioso y caliente. No encuentro calma y el aire trata de escaparse incómodo ante esta conversación. Mis dedos surcan mi piel con decisión, como si pudieran despojarme de este sentimiento incierto. Mis pensamientos se amontonan contra mis ojos, contra mi garganta… presionan instando pequeños aguijonazos que una vez deriven en llanto, estaré perdida.
El llanto viene por oleadas, desigual y salado. Se enardece altivo y duele, duele más de lo que las palabras me permiten contener y expresar. Pero lo intento y yerro, y el error conduce al descontento, al conflicto, a la pérdida y el abandono. Y me arrullo y reconforto, acuñando un ser que no es la niña que veo en mi reflejo, sino una cáscara envejecida y amargada por los años, un fruto que nunca tuvo el gusto esperado.
Mi cuerpo está resquebrajado, plagado de grietas que de forma inconexa han terminado por formar un sistema nervioso plagado de tumores que no permiten detectar si hay territorio sin condenar. Y el dolor transversal defenestra las emociones y la razón por la ventana de mis ojos, sin permitirme dejar de llorar.
Y con cada lágrima sentenció cualquier posibilidad de ser feliz, garantizando todas las que vendrán a posteriori fruto de ese desencuentro. ¿ Cómo aprender a dejar de sentir, de llorar, si al hacerlo pactas con la parca por un mal mayor ?
Porque mi vida siempre supone el retroceder progresivamente a una casilla aún más alejada que cualquier otro comienzo dado. Das un paso y te arrebatan dos. Salvo que no lo hacen, tú eres tu único verdugo y juez. Y te odias en el proceso de autodestrucción que no recuerdas como comenzaste.
Quiero rendirme, quiero despedirme y claudicar. Quiero recibir un castigo del que no pueda recuperarme y quizás en el último momento, por fin, encontrar algo de paz. Quizás sea en ese último sueño en que el dolor se vea consumado y solo quede el humo final. Y entre las cenizas acostarme, hecha un amasijo de emociones desmedidas y heridas auto proferidas. Buscar los últimos restos de calor y dejar que mi propio estertor me arrulle hacia un desenlace demasiado dulce para lo que merezco.

0 comentarios