Carta a un amigo.

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Querido amigo:

Te escribo porque lees y no juzgas, porque palabra a palabra voy abriéndome a ti y no huyes ni tuerces el gesto al comprobar lo que ya considero mi alma, desgastada.
Son muchos momentos, muchas ausencias y un sin fin de letras, y no sé si quiero continuar haciendo algo como esto. No sin tener un propósito.

Era febrero y todo empezaba de cero, cortaba los recuerdos de viejas fotografías para quemar resentimientos y probabilidades. Quería aprender a respirar pero no sabía ni cómo dejarme llevar. Siempre he estado buscando, anhelando. Hay quien jamás ha tenido que preocuparse por algo así, pero la carencia que siento en mi interior me insta a seguir reptando, arañando las páginas de cartas de amor ajenas, recorriendo con la mirada lo que son puertas abiertas pero, que con una salida de emergencia luminosa, me obliga a retroceder. No me siento capaz de continuar con esta pantomima.

Te escribo, porque sabes como sé sentir, y como solo creo yo poder hacerlo. De un modo atemporal y utópico, dolido y marcado por el pulso acelerado y la sonrisa distendida. Te escribo porque me alienta tu silencio a la vez que rabio por tus palabras, y sabiendo aun así que eres el oxímoron que anhelo, permanezco estática y anclada a mi misma, incapaz de cambiar lo que creo que me hace especial.

Nuevamente lo volví a sentir, un reflejo en el rostro, una luz que me hizo parpadear, que me inundó suavemente con su calor pero que al caer la noche se disipó dejando patente que no era más que una parada en el camino. Quizás sea eso, una mujer de transición, lo suficientemente embriagadora para asomarse a su abismo pero no para lanzarse a descubrir qué hay más allá, donde la luz del sol nunca ha logrado llegar.

Aún duelen demasiadas cosas. Aún no alcanzo a justificar el porqué de tantas muescas, de las grietas que resquebrajan recuerdos que podrían ser hermosos. Quizás hay algo mal en mi, y no albergo la capacidad de contentarme con algo, de ser feliz. Quizás tu silencio debería ser mi mayor aliado, pues nunca dirás nada malo de mi, nunca me reprocharás nada, jamás me dirás algo que en un futuro me puedas negar.

Y yo te querré, te querré por ello.. y aceptaré mis limitaciones mientras con barcos de papel navego achicando lágrimas camino al fin del mundo.

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2 comentarios

  1. Querida escritora, me encanta como defines los sentimientos y me siento identificado contigo.

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  2. me encanta como enlazas sentimientos y palabras y se convierten en vida real. felicidades

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