Relato 7: On the road.
Autor desconocido.
Recordaba con cariño los viajes familiares. No por el destino. Ni por la compañía. Sino porque eran de noche. Siempre le gustó fundirse con la carretera y perderse en aquel carril de luces anaranjadas parpadeantes. Hasta que todo quedaba muy atrás. Hasta que la vuelta era inevitable.
No importaba el destino. Podía ser cercano, tan cercano que podría evitarse el subirse a ese coche, a ese autobús, el tomar aquel rodeo entre desconocidos de rostros difuminados. Pero sobre todo, le gustaban los largos viajes en invierno.
Las mesas algo pegajosas de la estación de servicio. Los bostezos desacompasados. El frío azuzando sus mejillas mientras con manos torpes entrecerraba el abrigo. El alba. Quizás entonces, y solo entonces, había comenzado su obsesión por aquel momento del día.
Con el tiempo había formado un reloj en su interior, de mecanismo silencioso, que solo chirriaba despertando sus cansados párpados cuando el rosado se tornaba añil; y parecía que todo se encontraba borroso, nublado y aún por inventar.
Era el momento del día en el que todo se le antojaba posible y esa fuerza alimentaba el resto de las horas.
Le gustaba el arrugar la nariz ante el olor acre de la gasolina. No encontrar a nadie más en la carretera. El cómo los faros enfocaban carteles que parecían cobrar protagonismo solo para ellos. O para ella. Nadie más recaía en esos detalles. A nadie parecía importarle nada.
Recostada, sin oír la radio. Arropada con los abrigos ajenos, les olía. Eran ellos. Era ella. Se suponía que eso era una familia. Pero se sentía sola. Solo era ella.
Ella y la carretera.

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