Relato 8: The lipstick must go on.
Quiso reír, mientras deshacía, mentalmente, las sábanas húmedas entre su piel sudorosa y la visión empañada de lo que quería que hubiese sido y no fue. Yacer, como imperativo a una excusa, rozando la letanía de la necesidad de jadear su nombre y a su vez, no querer profanar algo que se le antojaba ajeno.
No, no era suyo. No era de nadie. Tenía que dejar ese mal vicio. Era posesiva, quería ser dependiente. Pero cuando tenía lo que quería, solo podía huir, dejando el eco de unos tacones y el recuerdo de una maleta a medio hacer.
Era un jodido huracán que amenazaba ya desde la primera brisa. Ese ligero soplido dado al pedir un deseo contra un diente de león y ver volar toda realidad. Quería soñar y, cuando lo lograba, todo se tornaba una pesadilla.
Se pasó la mano temblorosa por el labio y difuminó su sonrisa hasta profanar la mejilla. Apretó los muslos involuntariamente y alzó la vista al espejo. No podría seguir permitiéndose esa moralidad desdeñosa. Se mordió el labio y suspiró.
Tomó el pincel con la mano firme y las pupilas dilatadas, tragó saliva y continuó.
El show debía continuar.

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