No era para tanto.

by - 18:27

Dicen que saber vivir la vida es saber pararse a oler las flores. Saber disfrutar del instante. Carpe Diem. Tempus Fugit. Refranes que se volvieron hagstags y luego tatuajes que el tiempo, y el láser borrará.
Y ahora siento que todo se ha detenido, ralentizado. 

Cuando te vi marchar aquella mañana, no sentí ese miedo que me solía recorrer. Ese sabor amargo en la boca que termina en una mueca previa al llanto. No quise verte subir al coche y seguí adelante. Porque pasados dos días tú volverías y aquello, no era para tanto.

La jaqueca, el dolor de ojos, la fiebre y el estómago me hicieron de las suyas. Y encogida bajo varias mantas veía las horas pasar. No había ansiedad, solo cansancio y quizás algo de pesar por la situación a la que mi salud había llegado. Encogida entre el calor que no conseguía abrazar, recordaba como siempre esas mantas, gruesas y de olor seco, han estado patentes desde mi niñez, cuidándome, envolviéndome, apartándome de lo malo. Me sentía a salvo. 

Y entonces llegaron los malentendidos. Y el nerviosismo. Y yo me decía que no estaba haciendo las cosas tan bien como creía, que de nuevo volvíamos a ese punto de descontrol por algo que no lo merecía. Pero oía esa voz calmada que no era la mía, pidiéndome que tan solo me relajase, y respirase. Que aquello, no era para tanto.

Y llegó la noche. Y como siempre, cuando tú cerrabas la puerta de la comunicación, yo me quedaba sola. Gritando. Aullando a un objeto inerte que tiene demasiado poder sobre nuestras vidas. Temiendo haber roto algo que precisamente en ese instante entre mis manos hacía trizas. Y nada estaba a salvo ni era seguro. Miraba por la ventana, tratando de ver la sombra de lo que no quise ver marchar el día antes. Y quería creer que no era para tanto. 

Para cuando volviste, tenía un plan mal trazado, el maquillaje sobre el rostro desencajado y la ropa que quería que me quitases para verme a mi. 
Para cuando volviste, sabías cuales eran tus líneas y lo siguiente solo fue una farsa, un teatro donde la tragedia llevaba demasiado tiempo presente y los amantes debían morir. 
Para cuando volviste, tú sabías lo que tantos meses llevábamos negándonos. Nadie podrá decir jamás que no lo intentamos. 


Ahora el tiempo ha dejado de volar y se para pensativo en ráfagas de aire caliente, ladeándose sin prisa por llegar a alguna parte, cargado consigo motas de polvo y recuerdos pasajeros.

Y no puedo evitar pensar en mi vida hace una semana, cuatro días, o incluso dos. 
En un chico bajo unas escaleras esperando, culpable y con los ojos enrojecidos que tuve que mandar a casa, mientras decidía que tenía que ser todo lo fuerte que no había sido siete meses atrás. 




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