Camino a alguna parte.
He establecido un punto inflexible en mi vida. Bueno, no es que sea el primero. Sino el último hasta la fecha. Si mirásemos en perspectiva, encontraríamos que todos ellos forman una constelación, la unión de coordenadas que conforman un camino. Momentos decisivos que me han llevado a ser quien soy. Porque nunca ha sido tan sencillo como "dejarse llevar".
Me encuentro en el equinoccio de mis emociones, mutando la piel hacia algo que no sé bien dónde me llevará. Soy el simbolismo kafkiano de la privación de un sentimiento que han arrancado. Privada de lo que conocía ahora me encuentro en territorio desconocido, en la incertidumbre del borde en entre los recuerdos y lo nuevo. Y no quiero aferrarme más.
La subjetividad de lo que vivimos hace más doloroso hacer frente a su capitulación y cierre. Como quien sabe que no volverá a un lugar, y se despide diciendo "gracias, aquí fuimos felices". Y me vuelve a la memoria cada una de las veces que he podido realizar algo así. En que me permití que fuesemos felices. Porque en algún momento todo dejó de tratar sobre mi
Haciendo equilibrios entre la negación, la rabia y la tristeza. La aceptación parece lejana, aunque como un espejismo se desdibuje al alcance de la mano. Tan real que siento que puedo abarcarla. Y desaparece. Desaparece al destapar nuevos velos que perfeccionan y delinean lo subjetivo hasta tornarlo más certero. Y te creo un poco menos, y me quiero un poco más. Y me disculpo conmigo misma por culparme por tanto. Por no estar ahí para mi. Por dar tanto a un extraño.
Ahora, centrada en respirar y expirar, las cosas más sencillas parecen complejas, nuevas, evolucionadas. Lo estático se difumina para dar paso a algo diferente.
Vamos camino a alguna parte.
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