Jornadas de reflexión

by - 13:24

Los años se han vuelto cíclicos. Como si necesitase ejercer la misma parada una vez recorrido cierto tramo, y mirar atrás.
Sentarme en el margen de la carretera sin saber el rumbo que voy a elegir pero reconocer el horizonte que llevo meses surcando. Parece ser, que la misma piedra con la que tropezamos es un eufemismo ante el crecimiento personal.

Me acaricio las rodillas, marcadas con cicatrices, visibles algunas y otras imperceptibles. Veo lo que fui, y no lo que soy. Reconozco mis errores pero no enumero lo que he aprendido. Y voy preparando con ello mi propio suicidio personal, la profecía auto-cumplida del error cíclico.

Pero quizás, y solo quizás, las cosas ahora puedan ser diferentes. Como la disparidad que surge  entre querer ser libre y dejar de tener miedo a la libertad. Porque esa palabra se antoja solitaria y llena de complicaciones, de caminos de vuelta desacompañado. Y en cambio, no resulta ahora tan amargo.

Miro al presente. No al futuro, no a un pasado en el que mi nombre era el complemento agente de cada una de mis frases. Porque decido sentenciarme con el protagonismo de mi propia vida y empezar a apostar por mi. A creer en mi. A ser mi mayor esfuerzo y misión.

Dicen que con cada decepción, con cada pérdida, con cada error, el dolor conforma habitaciones en nuestro interior para albergar la intensidad de dicho sentimiento. Sufrimos ampliaciones y derrumbamientos. Remodelamos nuestro interior con el devenir de las estaciones y el transcurso de los años.

Y me descubro sonriendo más de lo que he podido hacerlo antes, pasando de las lágrimas a la incontención verbal. A dar gracias por lo vivido aun no siendo el cuento que creía que iba a vivir.
La realidad frente a la expectativa nunca tuvo tanto poder ni tanta fuerza. Soy lo que quiero ser.

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