Amores callados o palabras al viento.
Por mucho que nos empeñemos en buscar los matices y los grises en la vida, los seres humanos tendemos a ser sumamente dicotómicos. Nos enfrentamos día a día a decisiones cerradas: Sí o no. Entrar o salir. Continuar o parar. Querer o...huir.
Es por eso que surge la dudosa determinación del corazón al presentarse cómo lidiar emocionalmente. Porque si bien cabe que podríamos entrar en el bagaje sexual de experimentar y dejarnos llevar por el amplio surtido de opciones, esta es una caja de bombones donde puedes probar uno, varios, darte un atracón o preservar la línea. Está en ti.
Emocionalmente, existen similares opciones, pero no somos tan abiertos. Empezamos siendo adolescentes que pasan de jugar a "mamás y papás" para liarnos furtivamente en la vorágine hormonal que supone nuestra vida. Luego llegan los sentimientos, o incluso a la par. Nos hacen daño. Una.Y otra vez Y empezamos a cerrarnos en nosotros mismos preservando lo que creemos que queda en nosotros sin dañar. Infravaloramos nuestra capacidad de sanar y nos engañamos bajo el concepto de sobrevivir. Maduramos, aprendemos a saber qué queremos y quizás apostamos por ello. Pero no bajo el mismo riesgo y entereza que aquel adolescente que fuimos, cometiendo locuras por aquello que sentíamos como amor.
Recuerdo la primera vez que me deshice en lágrimas por mi primera ruptura. Fue un amasijo de circunstancias y terminé exiliada en otra ciudad, bajo la tutela de unos familiares.
Siempre he sido de procesos rápidos y tormentosos. La intensidad me define. Y tras haber cortado el pelo, teñido y hecho dos piercings (de los cuales años más tarde pude arrepentirme, pero que supusieron un par de maravillosas historias que relatar), estaba sentada, pretendiendo leer, y mi tía me dijo con una profunda sabiduría " Al primer amor es al que más queremos, pero a los demás aprendemos a quererles mejor".
No sé cuánta verdad reside en estas palabras. En su momento no lo discutí, no tenía criterio para ello y lo absorbí como una verdad absoluta. Sin embargo, la vida me ha hecho conocer demasiadas camas y abrazos rotos. La vida te ofrece la perspectiva como para saber si aquel primer amor fue el más significativo, no teniendo que ser por ello el amor de tu vida.
Al construir un amor maduro, un amor pausado -en palabras de uno del poeta, usaré el término "amor a fuego lento"- te encuentras ante la vicisitud de preservar las palabras, de ser comedido y de acallar ese grado de locura que te llevó a errar anteriormente, a salir herido.
Quizás, podamos no recurrir a una u otra postura, ser tan solo...nosotros. Susurrando largas declaraciones de amor, teniendo pequeños gestos de locura y a veces callando, callando cuando todo está dicho, cuando no podemos mejorar lo que una mirada cómplice abarca.
Encontrar el equilibrio, el gris. Ese es el verdadero ingrediente para cocinar ese amor a fuego lento.

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