II

by - 22:43


Él no se atrevía a tocarla. Como si todo el daño que la vida le había infligido hubiese conformado un manto invisible a su alrededor. O quizás solo tenía miedo de tocarla y resquebrajar su pequeña cáscara de confianza. Quizás si la besaba eso es lo que pasaría, fracturaría su realidad, aguijoneando sus miedos y la vería huir por el pasillo de aquel hotel. Aquella imagen le acosaría en pesadillas durante años, como un viejo fantasma dickensiano. 


Ella se concentraba en respirar mientras sus ojos iban bordeando el dibujo de la moqueta bajo sus pies. Estaba muy lejos de Kansas. Habían llegado donde no se había propuesto. Su interior temblaba mientras trataba de asirse a la realidad clavando sus uñas en sus palmas desnudas. El latido que emergía del dolor era un viejo amigo, un remanente que le calmaba. Pero aun así, su juicio no se nublaba. Estaba allí, con él. 

El pitido de la tarjeta en la puerta le despertó de su ensoñamiento. Sus ojos no eran más que una liebre asustadiza brincando en busca de un lugar en el que esconderse. Él cerró los ojos, ligeramente frustrado, haciendo una promesa escondida en un susurro. Alzó los brazos y ella se refugió con la espalda en la pared, con el rostro alzado y los ojos fijos en el suelo. Sus manos abarcaron sus mejillas, escondiéndose las yemas entre las briznas de cabello cobrizo. Podrían haber anidado allí, a ella no podría haberle importado menos. Sentía su calor filtrarse contra su piel haciendo de aquel tacto un manto bajo el que pedir refugio y asilo. El aliento de él era más cercano y sentía como cada exhalación chocaba contra su piel, cada vez más aledaña a su ser. Su frente se posicionó sobre la de ella, curvando su cuerpo contra ella y la pared. El mundo se hizo más pequeño, tan ínfimo como aquel pasillo podía ser, borroso a su mirada que sólo podía ahora verle a él.

- Eres imposible - dijo tragando saliva, chocando su lengua contra los dientes tratando de no decir más- ...y aún así la posibilidad que llevo esperando alcanzar. Eres cabezota, terca, e imposible.... 

-Soy un desastre. Un desastre del que te advertí... del que yo misma huyo. -dijo de forma fría, tratando de no pestañear, con la mirada fija en un punto invisible que le ofreciera una mayor estabilidad mientras notaba las manos de él fundirse en ella.

- ...y no sabes escuchar. Y me pides que hable y me callas. Y me atraes pero tú luego te separas. Me sacas de quicio...y aún así no recuerdo desear nunca tanto nada...

Las manos de ella, convulsas y gélidas alcanzaron la calidez de él tras pasar por los bordes de su chaqueta acariciando la aspereza del borde de la cremallera, para finalmente rodear su cuello y tomar sus mejillas. El paso entre la pared y ella se tornó el mayor viaje que había emprendido hasta ahora, para finalmente posar sus labios en la sorprendida boca de él. No hubo margen para la torpeza mientras ella dejaba caer las primeras líneas de defensa y él atisbaba todo lo que ella podía albergar. 

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