Ella
Notaba las sienes palpitando, la saliva ácida, el ánimo torcido.
Su ceja arqueada era la respuesta a una pregunta no dicha. Bajo la bata solo estaba su cuerpo maltrecho. Bajo la piel, los huesos astillados. Bajo los huesos la creencia en un alma que había huido de viaje hacía ya demasiado, y que según los altibajos de humor mandaba insulsas y comerciales postales con frases ingeniosas propias de cualquier otro.
No había ninguna invitación pendiente, ninguna botella por abrir. No era fumadora pero la sensación del humo escapando entre sus labios, como si fuese su último aliento avisando de la cercana caída del telón, le reconfortaba.
Y la oscuridad le abrazaba, amante eterna, siempre puntual, siempre cumplidora. Le acariciaba las mejillas y le azuzaba promesas banas al oído. Tensaba sus músculos y desentumecía sus tendones. Era una mano amplia y fría sobre sus caderas marcando su caminar, meciéndole hasta que con las horas..el sueño la atrapaba.
1 comentarios
Me ha gustado mucho el simil entre el ultimo suspiro y el humo. BRAVO! Sigue asi, vas por muy buen camino. Yo seguire pendiente.
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