Postales desde la ventana de enfrente.
Estertor de emociones consumidas,
cenizas que lagrimean hasta difuminarse,
amoratadas por el recuerdo del rubor
esas mejillas que antaño besaste.
Quién soy si no es sombra del pasado,
reflejo mundano contra la cuchilla,
magenta y cobre, férreo y líquido,
soy vida que empaca y no vuelve.
Mendigar una moneda entre los cartones,
cuatro tonos, llamada a cobro revertido,
nadie escucha, nadie aguarda, nadie siente.
No hay bancos en la Gran Ciudad donde
miserable y torpemente esperarte.
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