Relato 4: No tener o tener.
Eran la posibilidad en estado imperativo.
Eran un pasado divergente y un futuro discontinuo.
Eran el ahora estático e inmutable hasta la colisión del segundo siguiente.
Caminaba siempre haciendo equilibrios bajo la cuerda de su destino, sesgando con miradas sus aptitudes, creyendo y midiendo fervientemente sus riesgos. Era una yonki más de la vida, pero no aceptaba la versión adulterada que parecía que el mundo quería venderle. Ella forjaba sus propias normas. Veía, creía y sentía cuanto se podía permitir. Y no era poco.
Por ello reprimió un gemido. Un leve sonido asustado que se atoró en su garganta. Allí estaba él. Allí estaba ella. Y, joder, si algo había aprendido, es que no podía discernir en qué momento el mundo se había vuelto del revés.
Cayendo por la madriguera del conejo. Mantén las piernas abiertas, Alicia, estamos descendiendo. Y no hay inocencia, no hay temores, solo una cerilla a punto de extinguirse entre los dedos.
Darle nombre sería una blasfemia. Ante ello permanecía callada, mientras se agolpaba su pulso en un nudo que la ataba y sometía.
No había cometido suficientes pecados como para no sentirse profanada y perturbada, mientras la furtividad de sus actos la acometía más allá de donde es posible tocar o acariciar. Era el descenso a los infiernos a pelo, abandonando el Paraíso, no había tiempo de dudas, no podía permitirse hallar a un Virgilio.
Él no sabía quien era ella. Ella desconocía quién podía ser él. Y no importaba. Por primera vez, no importaba. Solo era preponderante la necesidad, la posibilidad, el ahora. Y hasta para eso, ya era tarde.

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