A veces.
A veces, el tiempo pasa, y pesa, y finalmente decae y finaliza; como si la marca impresa de la fecha de caducidad, invisible y a la vez certera, nos azuzara e instara a experimentar al máximo la vida, siguiendo a pesar de todo, en nuestra parcela de posibilidades, sin correr riesgos no previamente establecidos.
A veces, al cerrar los ojos podía enumerar los golpes, como un metrónomo acusador que nunca cede, impasible y objetivo a su verdad. Y las lágrimas se agolpaban y laceraban los párpados furtivamente ansiosas de libertad. Pero en este mundo, donde la justicia dormita en los bajos fondos, prostituyendo el ideal del amor por una droga más barata, entre estos barrotes silenciosos y etéreos no hay posibilidad de ensoñar.
A veces,y solo a veces, creo que soy capaz de demasiadas cosas, y la vida no me niega la razón. Solo aguarda. Y el sol se vuelve brillante, e intenso. Y creo percibir una sonrisa que nace de mi interior. Abarco el horizonte entre mis brazos y crezco. Y solo entonces, cuando creo poder decir que soy feliz la otra cara de la moneda me niega la sonrisa, y me sume en la conciencia de lo real.
A veces, creo poder escuchar la respuesta a las preguntas no dichas, que a su vez son siempre la misma, pero su complejidad me lleva a olvidar. Y me obligo a creer en una fuerza mayor, que cuidará de mi, cuando la suciedad se agolpe entre mis uñas y el maquillaje ofrezca de mi rostro una idea distorsionada.
A veces, me abrazo a mi misma encogida por el frío interno de un invierno que no entiende de estaciones. Sollozo y escribo, y niego todo sentimiento complicado, pues nadie escucha, nadie entiende, nadie pregunta; no más allá de la dócil pregunta que siempre será acompañada de la mentira, no más allá del abrazo no pedido ante la culpabilidad manifiesta de rozar demasiado la felicidad, y atemorizada, huir de ella.
0 comentarios