Perdiéndome para encontrarte.
Y si quisiera inundar los paradigmas de tus anhelos,
con el salitre de mis palabras, impregnadas en ruegos,
no habría escapatoria posible, ni consecución factible,
seríamos dos pasajeros en un vagón hacia ninguna parte.
Dejar, en un mutis, de ver el vaso medio lleno, vaciarte.
Volcar tu sonrisa, ser la espuma de la marea, beberte.
Conjugar nuestros sudores hacia la máxima de poseerte,
esperar que jamás escuches lo que, ahora, no se decirte.
Me preguntas que es amar y yo alzo la voz a los dioses.
Cómo explicar la búsqueda y la pérdida materializada.
Quisiera responder con semblante adusto, calmada,
pero no sabría siquiera alcanzar en detalle sus pormenores.
Podría señalarte y hundirte en el presagio de mis emociones,
jamás llegaré a formularte cuantas veces te he esperado.
Eres mi desconocido, mi oximorón, mi anhelo codiciado.
El porqué, a día de hoy, aunque no lo sepas, no me conoces.
Por ello, aguardo pero no espero, me debato pero persevero,
para desatar todo henchido sentimiento, aún forastero,
hacen falta varios actos, y entre ellos, un comienzo.
Así pues, no te demores en despertar, aventurero.
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