Te imaginaba
Te imaginaba yaciendo sobre una cama deshecha, abrazando el edredón tu tibio cuerpo.
La casa, en silencio, solamente era perturbada por el suave eco de tu respiración, y yo, aún sin saberlo, era capaz de sentir la calidez de tu aliento.
Al imaginarte era inevitable sentir de nuevo como besaste mis mejillas, como me protegiste de algo que no entendía, ni sé ahora nombrar. Pero me sentía a salvo. Confortable contra el calor que emanaba de tu pecho. Procurando calmar el temblor de mis manos que asían tu manga, pero clamaban por tu pelo.
Te imaginaba yaciendo en la oscuridad sempiterna, fisurada por la luz anaranjada que las farolas proyectaban a través de los ventanales, parpadeantes por el ramaje de los árboles meciéndose al viento.
Efímero y sosegado, en calma aparente, soñando.
¿Cómo colarme en tus sueños, cuando tú te has anidado en el espectro de mi delirio?
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