Solo con él.
Déjame ser un fantasma de tu futuro, para vivir un pasado y un presente a tu lado.
Colarme entre tus sábanas y abrazarme a tu cuello, para poder susurrarte en voz baja "uuh" y que tu tibio corazón sienta un vuelco. Llevaré tus largos dedos a mi pecho, y esperaré que sientas la canción que solo tú pareces saber tocar contra mis venas y nervios. Conexiones entre la forma que tienes de mirarme y la respuesta que ejerces entre mis labios. Tú me haces sonreír. Sonreír con un suspiro que anida en mi pecho, la promesa de algo incierto que crece, crece, crece. Y tengo miedo.
Tener miedo es sano. Pero no al punto en que me conducen mis pensamientos. Así que alzo la barbilla y me digo que no, no esta vez. No con él.
Adoro verte caminar, descalzo sobre la madera. Siempre de cerca a mis pasos, como si ambos sintiésemos innecesaria toda distancia. Y me obligo a parar, porque las emociones me consumen y sale una pequeña risa de mis labios.
Te observo hablar, despuntando sonrisas, mirándome con ojos nostálgicos, tristes, hambrientos. Y me obligo a parar. Porque quiero desnudarme ante ti y alcanzar una sinceridad que ni yo misma me permito. Así que suspiro. Y río. Y sé lo que significa todo ello, pero no lo digo. No lo digo.
Adoro observarte, hasta el punto de volverme callada. Perderme en la noche o la madrugada. Idear infinitas carreteras que nunca desemboquen en la meta. No, no quiero llegar a ninguna parte, solo ir, solo estar, solo con él.
0 comentarios