Capítulo IV: Declaración de intenciones
Hoy, quiero hacerte entender, todas esas cosas que de ti voy a aprender. No, no es que debas instruirme, tan solo cogerme de la mano, acompañarme.
En mis zapatos, residen pequeñas piedras, que amedrentan mi camino, así que te hago ya saber que a veces nos pararemos, otras retrocederemos, otras tan solo - y por suerte- vaciaré parte de dicho lastre, y otras ganaré nuevos impedimentos, que espero no duren en ausentarse.
Pero no quiero que me alces, no quiero acomodarme en ti, que recorras el camino por mí o que te retrases. Mis pies deben estar en todo momento en el suelo, junto a los tuyos. Salvo en esos momentos en los que nos enarbolaremos por la dicha, elevándonos ligeramente, entre sonrisa y sonrisa.
Hoy, quiero comprometerme, conmigo, no por ti; por aprender a descubrirme y no temer al propio miedo. Por ser cada día algo más parejo a quien tengo intención de llegar a ser, y no la persona que pueda albergar que puedes necesitar per se.
Hoy, quiero reafirmarme sobre mi intencionalidad referente a tu felicidad. Sin constructos ni papeles, sin promesas vacuas ni "para siempres". Tan solo reformular mi decisión ya dicha, parapetada no por mi cabezonería, sino por las veces que hemos hecho que merezca la pena.
0 comentarios