Breve soliloquio ante la pérdida anunciada

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De bravuconadas y falacias me dejaste la boca llena, 

menos de lo que ocupan la ausencia de los besos rezagados,
altiva y con los brazos en jarras mi orgullo duró poco,
y con las mejillas laceradas por lágrimas te vi partir borroso. 


Relativizando sobre el tiempo y el espacio perdido y dado,
me olvido de los números, si me llevo una, si aún contamos.
Querer sin querer, y lamentar por lo perdido sin sentirlo aún,
es a cada día pasado mayor la carga y, de mayor peso, la desazón. 


Elegir la soledad pero no decidirse sobre partir hacia el exilio cautivo,
quizás con la primavera haya faros con el cartel de alquiler colgado
donde ser ermitaño, entre gatos, sueños frustrados y libros inacabados,
y quizás una pequeña foto arrugada, el último resquicio de mis recuerdos.

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