Inundada.
Estoy inundada. Su llegada supuso una crecida en mis emociones, y pasé de mojarme los pies y huir a enfrentarme a la ola que me tragaba mar adentro.
Hay días, hoy es uno de esos días, en los que me quedo quieta, muy quietecita, y miro a mi alrededor. Todo está cambiado, patas arriba. El mundo tranquilo y bajo control que creía haber construido se ha convertido en una riada constante, donde veo recuerdos pasar y alejarse,donde mil versiones de mi que he visto ir, venir y no volver terminan por ahogarse. Porque con él no hay máscaras ni escondrijos, solo hay una forma de ser y es un"yo" que no he terminado de descubrir.
En la anegación de mis sentimientos, he llorado lo reprimido a través de una vida de maltrato, abandono y miedo. Entre sus manos, se mece la niña que se escondía en el hueco junto a la lavadora. Contra su pecho, llora la adolescente que tomaba calmantes para no sentir ni soñar. En sus ojos existe la perspectiva de la mujer en la que puedo convertirme, y en mí... en mí queda la inseguridad de no poder alcanzar dicha expectativa.
Y mientras me declaro una superviviente de mi misma, él sigue buscando como salvarme mientras le arrastro conmigo a un aluvión que terminará por ahogarnos o llevarnos a la deriva, a un lugar lejano, donde al menos podré seguir aferrada a su mano, luchando por alcanzar la superficie y poder respirar.
1 comentarios
Cuando no hay rumbo en ocasiones hay que dejarse llevar. Sé que te conozco desde hace bastante poco, pero estoy seguro que tienes la fuerza necesaria para salir adelante con todo este aluvión.
ResponderEliminarSalu2