Clamaba
En qué momento había firmado por aquel aciago destino en el que el amor se había convertido en su ponzoñosa obsesión, mientras clamaba porque nunca apareciese nadie que pudiera llenar aquel anhelo.
Se despertaba con los labios hinchados cada mañana, de besar imposibles. Amores oníricos que se tornaban historias, mentiras que vestía de amantes pasajeros, queriendo que fuesen todo eso y más. Jadeaba y suspiraba y el orgasmo le sobrevenía entre lágrimas mientras no podía poner nombre ante la implacable necesidad de etiquetar todo cuanto le rodeaba. Emanaba de su ser la simiente de la vesania, locura insana por albergar y contener toda la intensidad que arañaba su vientre y se colaba entre sus sábanas maniatando sus muñecas mientras ella clamaba, entre lloros, por más.
Demencia por el afecto, que ella misma se negaba, mientras se encaminaba en derrotero al sometimiento de un nuevo fracaso sin siquiera aceptar la posibilidad de victoria. Ella, quemaba puentes antes de llegar a cruzarlos, convencida de la futilidad de su empresa, pues ¿quién podría amar a un alma rota?.
1 comentarios
Somos contradicción pura, y es normal que, entre tantas fuerzas que tiran en sentidos opuestos, el alma se nos rompa un poco...
ResponderEliminar